
Vivimos una crisis económica. Nada que no sepamos. Numerosos libros, documentales, expertos... que analizan sus causas. Está bien, pero creo que no nos basta sólo con eso. Esta crisis también es una crisis de valores. Nos hemos equivocado. Todos. Nos hemos dejado llevar por la algarabía de la fiesta y en raras ocasiones hemos cuestionado cómo lo estábamos viviendo.
Pero lo bueno de la crisis es que nos permite replantearnos muchas cosas. Empezando por nuestra manera de actuar. Por ejemplo, reducimos el gasto y lo reorientamos y redirigimos a adquirir productos en los que buscamos una mejor relación calidad/precio, valoramos más el servicio postventa, el número de pagos con tarjeta de crédito se reduce, ahorramos más, en definitiva, tendemos a vivir más de acuerdo con nuestros ingresos reales y no con una falsa sensación de riqueza.
Dentro de cada crisis hay latentes un sin fin de oportunidades. Sólo hemos de ser capaces de verlas o de crearlas. Aprovecharemos esta crisis y las que estén por venir, para replantearnos nuestra forma de hacer las cosas, y buscaremos la manera de mejorar. Porque al fin y al cabo, de eso se trata, de no dejar de aprender con lo que nos sucede y aprovecharlo para crecer como personas: en lo bueno y en lo malo.
Pero lo bueno de la crisis es que nos permite replantearnos muchas cosas. Empezando por nuestra manera de actuar. Por ejemplo, reducimos el gasto y lo reorientamos y redirigimos a adquirir productos en los que buscamos una mejor relación calidad/precio, valoramos más el servicio postventa, el número de pagos con tarjeta de crédito se reduce, ahorramos más, en definitiva, tendemos a vivir más de acuerdo con nuestros ingresos reales y no con una falsa sensación de riqueza.
Dentro de cada crisis hay latentes un sin fin de oportunidades. Sólo hemos de ser capaces de verlas o de crearlas. Aprovecharemos esta crisis y las que estén por venir, para replantearnos nuestra forma de hacer las cosas, y buscaremos la manera de mejorar. Porque al fin y al cabo, de eso se trata, de no dejar de aprender con lo que nos sucede y aprovecharlo para crecer como personas: en lo bueno y en lo malo.
